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miércoles, 25 de mayo de 2011

Sangre Llameante.

En aquellos momentos opté por olvidar incluso mi nombre.
¿A quién podían importarle los pasos que una simple humana pudiese dar?
Y es que ya ni si quiera me importaba aquel insignificante término:
Humana..Incluso se me hacia lírico pensar que yo pudiese ser algún día de ese modo.
Ser normal, un poco mas normal al menos. Un poco mas parecida a todo aquello que no da miedo a una sociedad, a lo que no le temen los grandes grupos y huyen los pequeños. 
Aquello que es frívolo porque lo es y no porque lo crea.
Un mundo natural. Un mundo actual.
A cada latido que pasaba, mas dormida estaba. 
Como si te mecieran en una cuna cuando eras bebe y nada ni nadie pudiese perturbar esa tranquilidad.
Fui perdiendo el control de mis extremidades poco a poco.. disfrutando de aquel maravilloso momento en el que por fin tocaba la ultima cuerda del arpa de la vida, y con paz lo hacía.
El cosquilleo fue avanzando como mariposas entre el campo, recorriendo mi cuerpo. Creando dibujos místicos y agradables a mi parecer. Desde las puntas de mis dedos del pie hasta el ultimo bello que había en mi nuca.. Aproximándose cada vez mas al corazón y por tanto a mi cerebro. 
Ya nunca mas tendría que pensar si debía o no debía despertar. Porque el sueño me estaba comiendo y yo.. no podía hacer nada..
Entonces escuche un pequeño pitido cerca de mis oídos.
Entonces sentí un cosquilleo mayor cerca de mi estomago.
Entonces alguien apretó de tal forma mis manos que incluso lo noté.
Entonces unos cientos de agujas me fueron clavabas ¡justo en el corazón! 
Y mi cuerpo se convulsionó hasta que tuve que comenzar a retorcerme sin saber que mas hacer a parte de intentar resarcirme de un nuevo ataqué.
Sin visión, sin oído. Sin noción de un lugar, una referencia o un simple 'aquí' para poder eliminar esa angustia que ahora me corroía. 
Recibí una bofetada que paro mi cuerpo en seco. Y es que ahora estaba mas decidida que nunca a no volver a moverme, abrir los ojos, hablar o incluso respirar si era necesario. 
Unas luces comenzaron a cegarme, parpadeantes y blancas como nunca las había visto. 
Empece a notar muchos dedos metiéndose en mi ojos, unos los abrían, otros los movían, y otros simplemente me hacian daño.
A los pocos segundos frenó en seco aquella masacre contra mí, lo que me hizo comenzar a rezar para que no volviese a pasar. 
Y aunque me negaba a mi misma el permiso para volver a conectar mis oídos al mundo exterior, por unos instantes no pude evitar hacerlo, por pura saciedad de tranquilidad
Y escuché un grito. 
Un nombre.
Y acto seguido una frase.
Entonces estallaron las luces, los cristales y los muebles que antes tuvo que haber. 
Estruendos por todos lados y sobretodo gritos. Muchos gritos de pánico y sorpresa. Agudos y graves, sonoros y bajos. Hubo un repertorio a elegir. 
Noté de nuevo aquel sabor a metal fino que se entremezclaba con mi saliva, la sangre fresca otra vez corría por mis venas. Acelerada, llameante y sobretodo herviente. 
Sed de información. 
¿Quien me había conseguido sumir a tales torturas hasta hacerme perder la cuenta de ellas?
Sed de venganza. 
¿Por qué a mi? ¿Acaso los que perdimos nuestra alma antaño no tenemos derecho a descanso?
Sed de sangre. 
Y es que me moría de hambre. 
Los culpables de prender la llama del odio, del recuerdo y de la muerte de nuevo deberían pagar las consecuencias de sus actos.
Y al abrir mis ojos, y sentir como de nuevo se volvían rojos por el fluir de mi propia sangre, vi todo aquello que una vez amé y alimentó.
Miedo, pánico, terror, temblores, miradas despavoridas, huidas precipitadas, gritos desconsolados.. 
De nuevo desperté y desde lo mas alto de mi palco, vi sus sangres correr.