¡Mas Bloggeros!

Traductor

Facebook

sábado, 21 de mayo de 2011

El comienzo de las horas.

Quise volver a buscar el reloj. Todo se había vuelto oscuro de nuevo.
Las puertas daban portazos violentamente y las maderas de las estanterias crujían creando una melodía de estruendos acompañada de aquella interminable canción.
No podía dejar de pensar que me movía, aunque sabia que mi cuerpo estaba totalmente estático. 
Me dolía la garganta y quería toser, pero sabia que eso me delataría.
Y si eso pasaba, sabia que no volvería a contar mis latidos por mucho mas. 
Habían pasado 129600 latidos de mi corazón e intentaba constantemente hacer un calculo de a cuantas horas equivalía  pero en mi cabeza había un estallido constante de pensamientos sin conexión ni sentido.
Luces, colores, imágenes, destellos, lugares, sonrisas, llantos, saltos y caídas. Producían vértigo y ceguera a la vez. Pero por encima de todos los recuerdos que me pudieran atropellar, estaba el terror. 
El sentir correr ese sudor frío por tu frente, gota a gota, hasta que se desliza por la espalda, columna abajo hasta llegar a su fin y morir como cada célula de ti lo hace cuando no respiras. 
Temía volver a abrir los ojos y volver a escuchar mi propia voz, romper aquella simulación de paz que producía en aquel lugar el simple estallido de muebles.
A pesar de ser una cárcel interna, no me importaba perdonarla. 
No me importaba tener que buscarle un punto positivo a estar allí enmismada, sin contacto y sola con mi propia yo. 
Por un lado quería salir de mi, quería abrir los ojos y gritar. Gritar mi nombre y gritar que amaba vivir. Que adoraba despertarme cada mañana y que no podría vivir sin mis noches. Lo que me atropellaba por momentos cortos pero intensos la euforia necesaria para creer por unos instante que realmente podría despertar.
Pero el verdadero lado en ese momento era que no me importaba en ninguna medida hasta que punto tuvieses que estar callada, con los ojos cerrados y contando mis latidos y cada gota de sudor. 
Porque no quería ver como todo había desparecido una vez mas. Como solo me quedaban mis recuerdos y la certeza de que la rabia que sentí una vez me condicionaría volver o no a mis raíces.
Con aquel sol. Con aquel ruido de motos rodeándome y aquellos niños jugando en la puerta de mi lugar. 
Porque prefería la incertidumbre, la misma que mantenía la llama viva en mi de que si todo era realmente una simple pesadilla, cuando me despertase incluso podría reírme. 
Calor, la idea de poder escapar de aquella oscuridad me producía asfixia. Era como si aposta, alguien subiese el termómetro. 
Pero aún, con el tiempo incierto que había pasado, no había decidido que hacer. 
No sabia que parte de mi sería mas fuerte. Y por el momento no quería saberlo. Quizás sea cierto que existen las malas costumbres que acaban con las personas. Aún tenía que comprobarlo 
El frió. Creo que siempre ha sido el camino mas fácil. 
Ser de hielo. Sentirte hielo. Simular al hielo. 
¿Por que? Porque en realidad cuando eres de hielo, solamente estas dormido.
Y dormir nunca ha dolido.